
Segundo Día en San Agustinillo.
Esa mañana que vi la puesta de la luna al amanecer, fuimos a intimar con el mar en un área rocosa donde había cangrejitos. Parecía que el mar respiraba entre las rocas. Fue un momento muy bello. Sin embargo, lo intimidante de su oleaje me inspiraba un gran respeto. Sin duda este mar tiene una energía única; algo en mí se sentía reflejado en sus aguas, sentía que había en ello un mensaje para mí.
Caminamos un poco hasta una orilla donde pudiéramos entrar al mar. Cuando me sentí lista para intentarlo le pedí permiso a su espíritu, pero en el segundo que me sumergí, las olas empezaron a jalarme hacia dentro. Sentí mucho miedo. Intentando nadar hacia la orilla con la mayor calma posible pero con mi corazón acelerado, le pedí al mar que me permitiera salir. Con la fuerza de su amor salvaje sentí como una ola me impulsó hasta que logré tocar la arena. En una roca me esperaba mi aliada observándome, cuidándome como lo hizo tantas veces.
Esa experiencia en el mar me llevó durante los meses siguientes a un trabajo profundo para conocer una parte esencial de mi energía conectada a la ciclicidad lunar, y a reconocer mi necesidad de recuperar la confianza en mí misma y mi fortaleza interior.
Pasé varios meses navegando por mi propio océano interno, empujada por la fuerza de introspección de cada luna llena, y por las emociones que emergían drásticamente durante mi propia luna en cada ciclo menstrual. Esas emociones fueron mareas que me sumergían inevitablemente en lo más profundo, allí donde no llega la luz del sol, donde se encuentra lo oculto, lo invisibilizado. En ese lugar hallé las raíces de lo que me había llevado a tomar decisiones y actuar como lo había hecho hasta entonces. No logré salir de las profundidades más que con la valentía de sentir cada emoción hasta que mi corazón se iluminaba con cada verdad oculta que iba descubriendo, como encontrando perlas sin estarlas buscando.
Los oleajes más turbulentos que llegaban con cada luna, eran detonados por situaciones que me me hacían sentir maltratada al no poder expresarme libremente sin ser censurada por ello; no me sentía respetada, amada, valorada, ni acogida con la suavidad y comprensión que necesitaba y merecía. Me sentía muy alejada de mi propia luz. Todo eso mantenía mi sistema nervioso alterado y me llevaba a responder impulsivamente y a veces de manera agresiva generando respuestas aún más agresivas hacia mí y en mi entorno, como huracanes que me dejaban aún más maltratada, agotada y en alerta.
Poco a poco, zambullida hasta lo profundo por la turbulencia de las oleadas emocionales, descubrí que estaban vinculadas a versiones antiguas de mí a las que aún me aferraba, a recuerdos de infancia que me hacían reaccionar impulsivamente desde el miedo y el enojo, y a lealtades con mis padres y mi linaje desde las cuales elegía y actuaba inconscientemente repitiendo patrones.
Todo eso fue un pico de caos interno que progresivamente me ha llevado a un estado de mayor equilibrio emocional, gracias a las verdades que mi alma estaba lista para ver, aceptar e integrar en ese momento. Una de esas verdades es que la vida que había empezado hacía dos años, la estaba construyendo sobre los escombros de mi pasado y lo oculto, así que inevitablemente no se logró sostener.
De ahí surgió otra verdad para mí: Una vida nueva y real comienza desde una estructura interna sólida, desde el reconocimiento de mis raíces, mis virtudes, mi potencial más auténtico, y mi energía cíclica creadora, pero también desde la aceptación y la integración de todas mis sombras. Con mucho más amor, respeto y cuidado por mí misma y mi autenticidad, estoy aprendiendo a construir una vida que honre a mi linaje, a mis ancestros, a mi niña interior, y a todas las experiencias de mi vida pasada; una vida nueva que florezca desde mi propia y verdadera naturaleza interior.
Así nació mi deseo de escribir y compartir lo que voy aprendiendo e integrando progresivamente en mi vida. Deseo que lo que comparto toque e inspire corazones que también están buscando vivir en verdad y generar cambios positivos en sus vidas, encontrarse consigo mismos a través de sus raíces y su amor propio, y conectar con la sabiduría que habita en su interior desde una relación más atenta, respetuosa e íntima con la Madre Naturaleza.
“Las cosas no son lo que parecen. No te dejes intimidar por las mareas altas. Mira debajo de la superficie de tu vida y atrévete a ir a lo profundo, a sentir y a ver, hasta que puedas emerger a la superficie con las perlas de tu propia verdad y autenticidad. Solo así encontrarás la paz verdadera.”
Dejar un comentario